Donna me prega

Este blog se declara católico, tal vez con cierto aire estoico. Defiende la simplicidad, el silencio y la contemplación.
Quiere ofrecer reflexiones, opiniones y lecturas a personas atentas a la vida del espíritu y de la cultura.
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viernes, 24 de mayo de 2019

Calvinball o las políticas de calidad científica.



Calvin & Hobbes,
Bill Watterson (1990)

A mi heterónimo, que debe asistir por obligación a una de esas comisiones académicas para iniciados en los ritos y mi(ni)sterios educativos, hace poco un colega le reprochó estar instalado en la "cultura de la queja". Lo había motivado su crítica a una de esas interpretaciones crípticas que caracterizan los criterios aplicados en la resolución de una convocatoria pública de evaluación de la calidad de las publicaciones científicas.

martes, 24 de abril de 2018

Heidi en 4D.



Mediodía sobre los Alpes,
Giovanni Segantini (1891)


Aunque a mi amigo pedagogo, que sobrelleva con paciencia mis arrebatos ácratas, solían mortificarle mis públicas y desafiantes profesiones de educado ateísmo innovador, jamás he podido dejar de considerar la escuela posmoderna como la más sutil, descabellada y represiva de nuestras instituciones sociales. Por eso, la considero un mal tan necesario como todavía indispensable para seguir preparándose hacia el espantoso mundo que asoma ya por el horizonte. 

martes, 3 de abril de 2018

Romance de la petitona.



Virgen niña en éxtasis,
Francisco de Zurbarán (1630)


A mi hija pequeña le cosquillea el alma preguntarme de tanto en tanto el motivo de la forma castellana, con aféresis y metátesis, de su nombre. Con sonrisa tímida e iluminada, como sólo en la infancia se atiende el relato de una gesta mil veces repetidas, escucha siempre complacida la misma respuesta. 

viernes, 29 de diciembre de 2017

En la cripta de Barbazul con Primo Levi (y II).



L'incendie de Rome,
Hubert Robert (1785)


Mientras descendía los peldaños minúsculos de la cripta de su Barbazul universitario en la entrada anterior, mi heterónimo se iba preguntando por qué George Steiner, que tantas páginas ha dedicado a la poesía de Paul Celan como situada “al norte del futuro”, apenas ha mencionado sino muy puntualmente los relatos de los sobrevivientes de los campos de exterminio.

martes, 19 de diciembre de 2017

En la cripta de Barbazul tras Béla Bartók (I)



El cementerio judío,
Jacob Isaackszon van Ruisdael (1657)

Quienes se aventuren por la selva de estas líneas tal vez se sientan defraudados, porque en pos de Béla Bartók (1881-1945) no me detendré apenas en El castillo de Barbazul (1911), la singular ópera en un acto que, con apenas treinta años, compuso sin poder estrenar de inmediato y cuyo éxito completo se retrasó casi otros treinta años. Me estremece pensar que, inspirándose en el cuento de Charles Perrault y con el libreto de su amigo Béla Balázs, el compositor húngaro, en su precoz juventud, fue capaz de descubrir, mediante las pinceladas exactas de sus duetos, el desposorio íntimo de la desilusión más apasionada. En el inicio de mi pospuesta senectud Barbazul y Judit me entregan ahora las llaves de otras cámaras, feas, pobres y débiles, acaso redimidas, que recorro con entusiasta extenuación.

martes, 7 de noviembre de 2017

El monasterio interior y el Jardín del Edén.



Lavatorio de pies,
Duccio di Buoninsegna (1308-1311)

Andaba cabizbajo hace unas semanas. Había visto anunciada una conferencia del abad de Montserrat en el Hotel Palace de Barcelona. Con la excusa social para un cóctel-almuerzo de ciertas élites sociales y empresariales, sus representantes acudieron, en el fondo, para plantear la pregunta que el abad deseaba oír sobre el papel político que le gustaría desempeñar en las actuales circunstancias de Cataluña. A mí, sin embargo, me dejó descorazonado el título de su conferencia: “Los monasterios hoy. ¿Parásitos o artífices de un nuevo humanismo?”. A una pregunta así, la respuesta, por más que se pretenda propositiva, no resulta obvia. ¿No será que el «nuevo humanismo» no basta como justificación de un ritmo y de un modo de vida que se consideran «parasitarios»?

viernes, 27 de octubre de 2017

Contra escuelas cristianas.



La Sagrada Familia y la educación de la Virgen,
Lucas Cranach el Viejo (1510-1514)

Lo siento mucho, Señor Ministro; mis escuelas han sido instituidas para dar a conocer a Jesucristo y el libro que Vd. me propone ¡ni lo nombra siquiera!” (Vble. Jean Marie de La Mennais a Monsieur de Salvady, Ministro de Educación de Francia, 1833).


Temo que esta entrada, polémica, será malentendida. Empezaré, pues, con una provocativa captación de benevolencia para despeñarme por el torturado sendero de la sátira. Pedagogos y delegados episcopales, leedme en los labios, porque emplearé esa palabra que no tenéis reparo en utilizar cuando creéis ser “inclusivos”: fui vuestro ¡C-L-I-E-N-T-E! y terminé muy descontento del servicio que estáis encantados de ofreceros.

viernes, 14 de julio de 2017

Los amigos de la infancia.



Les Bergers d'Arcadie,
Nicolas Poussin (1628-1630)

Por más que fantasee con el reaccionarismo, mis raíces imaginarias brotan de una negación fundacional: el tiempo de la escuela. Jamás he añorado el espacio mítico del hogar materno del que me hubiera arrancado el período de escolarización obligatoria. En los últimos años de bachillerato resistí, asumiendo que aquel era un tránsito -castrador- hacia la (dudosa) libertad diurna. Tal vez por ello me haya negado obstinadamente a adoptar una profesión que me obligue a estar encerrado en un despacho o en un edificio durante una jornada de sol a sol. ¿Qué importancia puede llegar a tener el dinero y el prestigio a quien no ha dejado de desear sino residir en las estrellas? Puedo darme sólo ahora cuenta de que he llegado a construir mi pobre monasterio, apartado e ignorado, en la luminosidad de una incierta peregrinación, llena de noches y de abismos, guiada entre la niebla de los astros.

martes, 18 de abril de 2017

Sócrates, Telémaco y... Proteo.



Jantipa mojando a Sócrates,
Reyer von Blommandale (c. 1655)

Hace un par de años reseñé en esta página un libro de Massimo Recalcati (1959) sobre la figura del hijo tras la muerte de Dios y del padre. ¿Desaparecía con ellos la posibilidad de sentido de la autoridad y también de la creación? Planteaba al final de aquella entrada si sería posible que Telémaco, huérfano, pudiera acabar desposando a Rut, la viuda moabita. En busca de ese posible encuentro he leído el libro posterior del psicoanalista italiano, La hora de clase. Por una erótica de la enseñanza (Barcelona, 2016) y he vuelto a topar con una respuesta ambivalente. Si se quiere entenderla, cabe embarcarse en la nueva aventura de Telémaco que no sale ahora tras los pasos míticos de su padre Odiseo sino tras las huellas históricas de Sócrates, su maestro por venir.

martes, 27 de septiembre de 2016

Gregorio Luri, filósofo en la caverna.


La mort de Socrate,
Jacques-Luis David (1787)


Hace unos meses, como a Miguel d’Ors, mi heterónimo conoció personalmente a Gregorio Luri (1955) en Santiago. Con él ha compartido un par de largas paseatas, por las calles compostelanas y, deshidratados y entusiastas, por la costa estival del Maresme. Por lo que me cuenta mi otro yo cavalcantesco, en la conversación es muy difícil sustraerse a la fascinación que ejerce su campechanía navarra bajo un perfil iberorromano. Como si fuera la explosión de una risa traviesa, salpica el diálogo con unos “sí, sí, sí, sí, sí” entre dientes que suelen preludiar una amable objeción mediterránea. Casi nunca contradice abiertamente a su interlocutor; se avanza indirectamente a sus opiniones con argumentos acerados. No me sorprende que haya escrito un libro de viaje (a pie) siguiendo, por su amada Bulgaria, las huellas de las huestes de Roger de Flor. Secretamente, Luri es un almogávar templado por la luz del Ática.

martes, 6 de septiembre de 2016

El espectro de Jorge Semprún.



"A cada uno lo suyo"
Verja de entrada al campo de Büchenwald

A mi hija mayor, ya en la adolescencia, he conseguido inocularle definitivamente durante este verano el virus lector, o al menos así quisiera creerlo. Por tradición familiar, empezó disfrutando de El hombre que fue Jueves (1908) de Chesterton. Desde mediada la novela ya sabía qué iba a pasar al final, pero no paraba de reír mientras comprobaba que sus sospechas se iban cumpliendo. Como está ingenuamente fascinada con el derecho y la historia (y que Ángel Ruiz, en nombre de FOC, me perdone), leyó después Matar un ruiseñor (1960) de Harper Lee. Puestos ya a desenmascararme como un reaccionario muy, muy tibio y sospechoso, devoró El guardián en el centeno (1951) de J. D. Salinger. O quizás no sea tan reaccionario: tal vez -me consuelo equivocadamente- haya sido una lección práctica de que, tras el Paraíso, sólo nos espera una prolongada Caída.

martes, 24 de mayo de 2016

Bajo la cátedra...



La Iglesia como camino de Salvación,
Andrea da Firenze (1366-1367)
Capilla de los Españoles, Santa Maria Novella, Florencia


Mi heterónimo me ha comunicado que en unos días se habrá presentado a una promoción interna que le ha propuesto el centro donde enseña. Debe superar unas pruebas. Lo he mirado perplejo. Los dos sabemos que nuestro mundo, profesional e imaginario, se ha desvanecido. Ni económica ni moralmente esa posible categoría le devolverá o le resarcirá nada de nada. Precisamente por eso, me responde. Quiere -ay- aventar las brasas de sus ilusiones antes de partir, anticismático, a Aviñón. Incluso se ha esforzado para llegar a este umbral presentando una memoria investigadora y docente sui generis. Entresaco unos fragmentos, porque, quién sabe si como una inocente provocación que le pasará factura, también me propone en ella como su modelo pedagógico…

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martes, 12 de abril de 2016

Con(tra) la educación.



The Country School,
Winslow Homer (1871)

Puede que mi experiencia escolar, como alumno y como padre, me haya proporcionado una visión nihilista de la pedagogía. Tras toda la cháchara actual de educar en valores, la emprendeduría, las competencias, sigo viendo en la escuela el instrumento privilegiado del poder para vigilar y disciplinar las sociedades. No lo critico; acepto de mejor o peor grado que me vigilen y me disciplinen; en cambio, me parece una estafa que pretendan que me crea, ya no que sea o no bueno, sino que estoy equivocado, y que, por tanto, debo estar más vigilado y disciplinado. Es precisamente esto lo que más me indigna de la nueva fase que padecemos. Intenta perseguir y eliminar los “fallos de seguridad” que, pese a todo, antes permitían a profesores y alumnos experimentar con la libertad del conocimiento, reducido ahora a manufactura en serie tecnológica.

martes, 15 de marzo de 2016

Sainte-Colombe, ¿jansenista posmoderno?



El Concierto,
Johannes Vermeer (1665-1666)

Hace unos meses mi discípulo blanchotiano me prestó el dvd de la película Tous les matins du mode (1991). No sé si, en su simpática y sistemática desobediencia a algunas de mis sugerencias, me quería indicar que se encontraba a gusto con el personaje de Marin Marais (1656-1728). ¡Qué importa si verla de nuevo me ha hecho retroceder veinticinco años atrás cuando mi amigo ateo y yo acudimos a su estreno! Durante todo este tiempo él ha seguido escuchando entusiasmado la música de Marais, tal como no ha cesado de ejecutarla Jordi Savall. Como entonces, sigo prendido de los tonos de Monsieur de Sainte-Colombe (¿1640-1700?).

martes, 8 de marzo de 2016

Cosí fa Lorenzo da Ponte.



Dos jóvenes jugando con sus perros en la cama,
Jean-Honoré Fragonard (1770)

Más que aficionado a la ópera, soy un entusiasta espectador ocasional y siempre peregrino. Asocio la experiencia de algunos montajes con momentos de exaltación íntima. Tras haber asistido con mi amigo gibelino a una representación de Die Meistersinger en el Covent Garden, noto todavía la humedad gélida de una noche invernal subiendo por Gower Street. Me embargaba una sensación extática de libertad expatriada. La proximidad del minúsculo habitáculo en que me recluía y que mis conocidos llamaban “la ermita” potenció aquel sentimiento hasta que hoy vuelve a emerger como una fina película hecha sustancia de estas primeras líneas.

martes, 2 de febrero de 2016

Meditación de la memoria.



Cristo, Varón de Dolores,
Luis de Morales (1566)

Hace un par de meses regresé, como un relámpago, a Madrid. Compruebo que la ciudad de mi infancia y de mi juventud se va alejando cada vez más a medida que comparo sus huellas con las de mi memoria. Estoy cierto que la maravilla urbana es su constitución proteica que replica las metamorfosis del recuerdo. Como en un plano, la arqueología del olvido, física y emocional, excava en una tierra perpetuamente removida.

martes, 12 de enero de 2016

La gallina turuleca.



La gallina ciega,
Francisco de Goya (1789)

Quizás como un guiño melancólico un Rey Mago ha dejado de propina a mi vailet cisterciense un cd con las canciones de los payasos de la tele. Escéptico, he sido arrastrado a la voz de Miliki, tan punzante en la memoria de toda mi generación, por el sorprendente entusiasmo de mis hijos. Todo un hit impensado.

martes, 29 de diciembre de 2015

Elías, profeta y maestro.



El profeta Elías alimentado por un ángel,
Dieric Bouts el Viejo (1464-1466)

Quienes siguen están líneas saben bien cuánto detesto la neopedagogía triunfante, arrogante y mediocre. No sólo ha destruido mi profesión –la de lector−, sino que pretende que sus detractores quedemos paralizados ante sus ultimatos que, como ha enumerado Gregorio Luri con precisión algebraica, son fruto de una “memez engolada” y de un “narcisismo ridículo”. Cualquier réplica es descalificada con una mueca de conmiseración autoritaria que, en el caso de tantos profesores dignos, encierra una amenaza no tan velada a su estabilidad laboral.

martes, 10 de noviembre de 2015

La Cartuja ausente.



Monasterio cartujo cabe Roma,
Karol Telepy (1858)

Hace un par de semanas hube de participar con una ponencia en un Congreso sobre la Cartuja. Rompía así con una decisión que había tomado unos cuantos años atrás. La organización de este tipo de actos, en el mundo de las humanidades y de las ciencias sociales (con perdón), es ya, sin tapujos, un gran fraude aceptado como tal por la “comunidad académica”, si así puede todavía llamársela.

martes, 27 de octubre de 2015

El profesor inútil.



Niña ante el espejo,
Pablo Picasso (1932)

En agosto me encontré de pronto hojeando fragmentos de las novelas de Benjamín Jarnés (1888-1949) que leí en un tiempo que no añoro en absoluto. Lo confieso de nuevo: pertenecí a la secta de los «jarnesianos», cuyo culto básico consistía en desconfiar los unos de los otros. Cuando decidí abandonarla, estoy seguro de que mis colegas respiraron aliviados. Sería un deber apuntar esa delicadeza en su haber. El mundo académico es tan canalla que, puesto que en él no hay perdón, el olvido puede resultar un acto de piedad.