Donna me prega

Este blog se declara católico, tal vez con cierto aire estoico. Defiende la simplicidad, el silencio y la contemplación.
Quiere ofrecer reflexiones, opiniones y lecturas a personas atentas a la vida del espíritu y de la cultura.

martes, 31 de mayo de 2016

Per merzé vegno a vui...



Collint bolets,
Joaquim Vayreda (1882-1884)

Por mayo es, por mayo, cuando este blog suele tomarse un respiro de su cita semanal. Aunque no es guerrero ni venusino, cada martes he seguido acudiendo puntualmente a debatir no las ideas de la temporada, sino a desarrollar unas pocas intuiciones -¿reaccionarias?-, cuyos frutos más cuajados intento resumir en una entrada, como la del día de hoy, que vuelvo a dedicar a mi donna tolosana.

En las entradas correspondientes de los dos años anteriores había escogido, como su ilustración, sendos cuadros de Joaquín Sorolla y Joan Llimona que reproducen una figura femenina en un interior doméstico abierto al mundo: un jardín y una terraza. Esta vez, ¿otoñal?, el lienzo paisajístico de Joaquim Vayreda representa en primer plano, con una ermita abrumada al fondo, a una mujer y su hija recogiendo setas, mientras en un lateral se aleja, peregrino, un hombre. Tal vez me conformo con que donna tolosana sepa que estos "bolets" semanales han sido escritos pensando sólo en ella. "A batallas de amor, / campo de pluma".

Prisionero, solitario, peregrino, creo que se ha aguzado durante este año mi conciencia de destierro, en la memoria y en la esperanza. No me sorprende que el eco ligero de mis entradas, fieles a su espíritu literario stilnovista y claravalense, haya resonado en torno a la pedagogía, la política y la religión.

La lectura del magnífico libro Pompa y circunstancia de Ignacio Peyró justificó que recobrase las razones de mi anglofilia disidente. Como Gregorio Luri lo ha calificado de libro también pedagógico, su melancólica reflexión política me ha exigido aprender a practicar, insomne y fracasado, dos géneros tan británicos como la sátira y la parábola social.

A caballo entre las dos y a causa de que mi amigo germanófilo me hubiese nombrado “cronista de la catástrofe”, no pude evitar reseñar, a propósito de una jornada docente, la estafa intelectual y la opresión profesional de la flipada innovación académica de las TIC. Aun con discrepancias lógicas a causa de mi medievalismo, no ha de extrañar tampoco que haya elogiado recientemente las posturas ilustradas de Contra la nueva educación de Alberto Royo. Como ha pasado desde la Revolución, la enseñanza sigue siendo el campo de batalla en que hacer frente a la ingeniería social y política actual que parece empeñada en reivindicar para las nuevas generaciones el futuro laboral de las minas dickensianas y sus covachuelas de usureros.

He procurado reformular mi intuición, no muy original y no menos indignada, de que nuestro sistema global se funda en la destrucción de dos de los fundamentos naturales de la sociedad: la familia y la propiedad privada. Quizás mis ideas desprendan un vago aire personalista. A fin de cuentas, pese a mis reticencias antiescolásticas, tengo que reconocer que, en sus orígenes, Jacques Maritain fue ahijado y discípulo del incomensurable Léon Bloy, a quien cada día admiro más.

Tal vez, discípulo lejano y retrasado del “resentido” escritor aquitano, contemplo serenamente horrorizado la pérdida de legitimidad de toda autoridad. Queda desnudo un poder terrible y despiadado, bajo una sonriente pátina democrática, que me arrastra a conservar mi lealtad a una Monarquía sin rey en un país que analizo, entre shakespereano y girardiano, en la clave plebiscitaria, catalana, de un fuego mimético. Ya sólo me queda asistir a la pérdida de mi patria espiritual.

Esa sensación de un exilio inminente ha comprometido mi reflexión sobre las razones no de un logos mítico, sino de la mitología posmoderna que intenta sepultar el logos judeocristiano. A esta violencia apocalíptica, a la que el cristianismo opone una resistencia escatológica, martirial, de tan terrible actualidad, he dedicado una lectura benedictina. La ha incitado el ensayo Violencia e islam del poeta sirio Adonis. Contra el fondo politeísta y pagano de la actual crisis mundial, se recortan, audaces y modernas, las figuras de santos mártires como Pedro Poveda y Edmund Campion. Una y otra vez emerge, antitética, mi anglofilia hispánica.

Pero sobre todo, en estos últimos dos meses, me ha sorprendido, y no sé si he lamentado, escribir un díptico sobre la ejemplaridad. Me topé con Filosofía mundana de Javier Gomá el sábado santo y, en aquel silencio, me dejé arrastrar bajo la advocación de Bloy. Es extraño correr el riesgo de la irónica frivolidad para descubrir, como la perla preciosa en medio del campo enfangado, el tesoro de la santidad. Quizás una parte de su secreto sea que, por el nombre de Jesucristo, la falta de ejemplaridad de esa banda que somos la mayoría de los cristianos no sólo no desmiente la fe que profesamos, sino que, misteriosamente, la hace brillar más excesiva, más inaceptable, más cierta y real. Verdadera y necesaria, por imposible. "In propia venit, sed sui eum non receperunt" (Jn 1, 11).

¿Puedo mantener aquella tensión? Solo, está fuera de mi alcance. Después de todo, ¿qué otro motivo mueve la escritura de este blog sino una pasión contemporánea por la literatura? Sus reseñas tal vez no sean sino las entradas de un diario que expanden los aforismos de su impotencia. Por suerte, a veces tienen la oportunidad de refugiarse a la sombra prudente y sencilla, rigurosísima, de libros como Palomas y serpientes de Enrique García-Máiquez, o de expresar su admiración por obras tan precisas y líricas como Un año en la otra vida de José Mateos.

Al repasar el itinerario de esta jornada siempre me queda la duda de si reemprenderé el viaje. Es otro misterio: no forzar, no prever, sólo proveer. Al principio de este curso mi heterónimo publicó, tras XXI Güelfos, un segundo volumen de entradas del blog titulado, inevitablemente, Teología güelfa. Quedaba así encaminada una trilogía güelfa que, al tercer año, dará a conocer unas inéditas Memorias de un güelfo desterrado. Después de lo que he venido diciendo, ¿cabía otro título? ¿No guarda una simiente de esperanza saber que mi destierro no tiene otra meta que Tolosa?

                    “Vanne a Tolosa, ballatetta mia, 
                    ed entra quetamente a la Dorata,
                    ed ivi chiama che per cortesía
                    d’alcuna bella donna sie menata
                    dinanzi a quella di cui t’ho preguntata;
                    e s’ella ti riceve,
                    dille con voce leve:
                    «Per merzé vegno a vui» 

                    (Guido Cavalcanti, “Era in penser d’amor quand’ i’ trovai”)


Con esta cesta de bolets me encamino, leve, junto a mi lar tolosano.

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